DUBAI… CIUDAD DE VACACIONES

Efectivamente… el título hace referencia a “Marina d’Or, ciudad de vacaciones”, el macrocomplejo vacacional de Castellón, erigido en medio de campizales…  una ciudad completamente artificial con todo lo que el turista puede desear.

Cuando paseábamos por Dubai (pasear por Dubai significa hacerlo en un centro comercial, o en un recinto hotelero), en más de un momento venía a mi mente la idea de la artificialidad de muchas zonas en mi país. Pueblos creados de la nada destruyendo el encanto del antiguo municipio, ríos desviados para construir urbanizaciones, terreno ganado al mar, arrozales convertidos en campos de golf, zonas residenciales con la única diversión de ir a pasar el fin de semana al centro comercial donde, por cierto, se pueden disponer de todas las alternativas existentes de ocio…

Pues bien, Dubai es el culmen de toda esa hiperurbanización: el Emirato ha sido capaz de crear en el desierto un paraíso artificial formado de islas, playas turquesas, lujosos hoteles sobre el mar, otros incluso bajo el mar, construcciones que pueden distinguirse desde el espacio, rascacielos que llegan más allá de las nubes… y todo bajo la atenta mirada de unas impertérritas mezquitas, algunas también de cartón piedra, y otras que observan asombradas como el hombre se impone a la naturaleza, y se repiten aquellos pasajes del Apocalipsis del Corán: “Llegará un día en que los hombres contruirán torres más altas que las nubes…”.

El jeque se pasea por el zoco preguntando a los dubaitíes que desearían en su ciudad. Cuenta la leyenda que un niño le respondió a Makhtoum: “yo quiero una pista de esquí en el desierto”, y que Makhtoum tardó seis meses en ofrecérsela.

Bromeó con Ahmed, nuestro guía dubaití a través de las dunas de Sharjah. Le digo que la próxima vez que vengamos a Dubai, Ahmed será multimillonario y tendrá helicóptero propio. Él nos dice que todo está yendo muy rápido en el Emirato: ” no hace tantos años” -nos recuerda- “yo iba a comprar con mi madre a las tribus beduinas, sobre un viejo camello cansado “.

La realidad se oculta en los despachos de inmigración de Dubai. Los trabajadores de la construcción que vienen de la India, de Sri Lanka, de Irán, de Bangladesh, ven como sus pasaportes desaparecen durante dos años, y sólo los recuperan tras un periodo de dura esclavitud, en la que los termómetros de las obras se trucan para que sigan trabajando y construyendo un paraíso artificial en medio de la arena.

La verdad… amo los olores de mi ciudad: las castañeras en otoño, los menús al mediodía, el salitre mediterráneo a medida que bajas por sus rectas vías… Amo que los fines de semana la gente camine por las calles y que muy rara vez los centros comerciales sean una opción para pasar la tarde… Amo estar en una terraza divisando el mar con los edificios antiguos y destartalados de la Barceloneta a mis espaldas… pero edificios de ladrillo, no de cartón piedra… amo que la ciudad no pueda crecer más porque la naturaleza lo prohíbe…

Si quieres leer más, visita http://www.laguiatravel.com/dubai.html

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